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Sobre la sociedad posmoderna, la estética y el capitalismo


El capitalismo está agotado, es un sistema caduco. Con esta crisis está dando sus últimos coletazos, vagando con el intento inservible de recuperar sus esencias más ancestrales y perversas para intentar sobrevivir ante una muerte que se anuncia no muy lejana. La solución keynesiana, social es útil para salir de la crisis, pero anacrónica como modelo. Se instauró y dio los mejores años del capitalismo. Un modelo fordista, consumista, que aplicaba mejoras sociales y salariales, parches para que el capitalismo asumirá un rostro humano, desdeñándose de su careta más pérfida y más genocida. Pero con el cambio de modelo capitalista, con la globalización neoliberal y su capitalismo informacional, el modelo social del capitalismo fue barrido paulatina y vilmente  de forma orquestada por unas elites que veían como los beneficios que obtenían con sus juegos ludópatas y avaros de cariz especulativo eran más rentables que la tradicional economía productiva, la real.

¿Por qué no es el keynesianismo social un modelo servible de nuevo? Porque la sociedad del consumo, el capitalismo consumista que se escondía bajo el mayor logro social de todo los tiempos, el Estado del Bienestar (hoy en peligro de extinción), es insostenible desde el punto de vista ecológico. Producir más, sin parar, es conducir el planeta a la barbarie de la destrucción. Por tanto, solo se vislumbra una salida: el “buen vivir”.

No obstante, nos vamos a centrar en la sociedad postmoderna, y no en los avatares futuros del capitalismo. La postmodernidad (criticada por muchos) es una realidad palpable. La política a gran escala, la de los partidos hegemónicos y dominantes es un reflejo claro de ello. Las ideologías son algo secundario, y si me apuras algo vetusto. Son partidos que se mueven como maquinas electorales. Una vez tanto los devotos tradicionales como los nuevos creyentes que antes criticaban y combatían esa fe rezan al dios mercado, la política en su trasfondo es pura estética, pura imagen, acentuada por las nuevas comunicaciones y por la pervivencia en la sociedad de lo audiovisual. Eso se traslada inevitablemente a la sociedad, a las relaciones y al comportamiento de los nuevos súbditos, que se creen libres bajo su ignorancia alimentada por el poder neoliberal.

La filosofía neoliberal combinándola  con el consumismo publicitario, basado en los instintos más irracionales y en la imagen superficial, forman un tejido perfecto para la alienación de las masas y sus compartamientos vejatorios e individualistas.

La contracultura, y su vínculo al anarquismo, en sus comienzos impuso unos valores de los cuales se aprovechó el sistema, las elites para derribar el consenso social, del cual estaban hartas porque sus beneficios empezaban a ser inferiores al conjunto de la renta salarial. La ruptura del colectivismo y el avanzar hacia mayor libertad se trasmuto en individualismo salvaje e insolidario; el ecologismo se convirtió en algo trasversal, olvidando la contradicción semántica y pragmática entre ecologismo y sistema capitalista; y el feminismo se incorporó al capitalismo como lucha por si habían más mujeres que hombres dirigiendo multinacionales. Eso era despojar al feminismo de sus propias esencias emancipadoras basadas en la lucha inseparable de acabar con el capitalismo y su moral patriarcal.

La filosofía neoliberal promueve el individualismo, la meritocracia. Asume que todos estamos en igualdad de condiciones, sensación creada por un Estado Asistencial (perdón del Bienestar quería decir) que divide a la gente entre perdedores y ganadores. Los perdedores, ya sean por su condición social, étnica, de género o por la personalidad del ser humano en concreto, son excluidos del sistema de relaciones sociales de distinta forma. Son marginados, incomprendidos. Encarnan la disidencia involuntaria de un sistema hecho de pura imagen, de estética. La sociedad del plástico es solo apariencia, el trasfondo no cuenta. La pintas, la vestimenta de cada ser humano es el que dictamina a otro a establecer una relación. Para conseguir lo que tenía que ser algo más igualitario y diferente en todos los casos, como el amor, se tiene que aparentar, establecer esa reafirmación del discurso de ganador, porque nadie quiere a los perdedores. Ahí se establece la filosofía del capitalismo moderno, guay y progre; y por otro arrastra a la mujer a comprar esos valores, que en su trasfondo inspiran machismo en estado puro. Lo sé,en estoy soy un cínico, todos lo hacen sin excepción, pero el que lo practique no me quita la razón de que esto sea así, y sea consecuencia de la imposición de un superestructura determinada para las relaciones social-amorosas. Uno de los casos más paradigmáticos de las  relaciones es el burka occidental, el maquillaje,aceptado por las mujeres, que se arreglan como si fueran productos de marketing, no para sentirse mejor.

La sociedad postmoderna integrada y vertebrada por la lógica del dinero convierte lo impensable en mercancía: el amor. El amor se convierte en una mercancía que se compra ya sea con dinero de manera indirecta o con estética. Nos encontramos delante del mercado del amor, donde se establece una oferta y una demanda que es imperfecta, ya que se encuentra regida por los cánones oficiales, por las tendencias socio-culturales y las imposiciones artificiales de carácter neoliberal integradas en el vivir de todos los días.  El romanticismo, el amor puro, se convierte en algo pasado de moda, y que si se practica se banaliza, y se secuestra por la sociedad del consumo mediante los regalos. El ejemplo por excelencia  lo constituye San Valentín.

Pero la sociedad de cartón no se queda ahí, está presente también no solo en los discursos reformistas progres y, por supuesto, en el comportamiento icónico de las clases dominantes, sino también en los que se hacen llamar subversivos, los que critican el sistema. No es difícil reconocer la perroflauta no punki, que constituye el patrón de mujer que habitaba en los jóvenes del 15-M. Se caracteriza por sus shorts, por su camiseta de tirantes, pero sobre todo por sus zapatillas estilo convers o parecidas y por su mochila de tirantes, sea esta de piel o de tela. Parecía que en lugar de la ideología, se compraba un estilo, una imagen. Pero sinceramente este comportamiento, que prueba la sociedad de la imagen, que no profundiza, y se queda con lo superficial, al fin y al cabo, no rezuma desigualdad ni ignorancia. En cambio si cuando se añade un elemento: las rastas. Las rastas compran el edificio teórico de que Bob Marley era revolucionario, y, por tanto, el llevarlas se considera un elemento icónico para reafirmar unas ideas, que cuando te tocan comodidades basadas en los desequilibrios territoriales y la dominación norte-sur, con sus matices indispensables de clase social, ya no parecen tan profundas. Pues bien, ese elemento icónico, estético que trasmite contestación al poder establecido se convierte en la consumación de la ignorancia superficial que promulga y que ha instalado el capitalismo postmoderno. La sociedad rastafari, es la sociedad más machista que existe, más incluso que la cristiana o la islámica. Después de esta revelación ¿Es progresista llevar rastas? Cuando las lleva una mujer es ya la cosa más ignorante y vergonzosa que hay.

La sociedad postmoderna convierte a la gente en esclavos de la estética y del consumo. Esta mezcla es en sí bastante terrorista en el sentido alienador y se demuestra en un lugar hecho para este fin más inmediato: los centros comerciales. La gente va a ellos. Su tiempo de ocio, de esparcimiento, en lugar de estar leyendo, de estar con sus amigos/as, su pareja , practicando deporte o quién sabe qué cosa, se van a olvidar sus penas, sus injusticias alimentando el sistema que les oprime mediante el consumo. La gente allí son más que puros borregos. Se reproduce la música dominante, esos ritmos que se distribuyen, se empaquetan, para que sean consumidos por todos, ritmos que introducen la ideología dominante (sobre todo el patriarcado). Los centros comerciales reproducen esa simbiosis de sociedad de la imagen y consumismo. Se consume allí un estilo, que se impone por muchas marcas y prendas, que al final son las mismas y están fabricados (en el caso español y el de vestir que hemos escogido) por el mismo lumpen-oligarca o neocacique. Pero la gente prefiere el trato frío y las grandes superficies para ahogar sus penas. Cuando se sienten mal consumen, no hablan. Consumen, no escriben. Consumen, no piensan. Consumen, no aman. Consumen amor, no lo sienten. La sociedad postmoderna, el capitalismo postmoderno califica este escrito como algo cargado de resentimiento y locura, como que son las conclusiones de alguien que no sabe imponerse a sus fallos, a su moral de perdedor, pero se equivocan. Es un texto que cuenta la realidad desde la óptica de uno que no es ni ganador ni perdedor sino algo más digno: persona.

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Corrupción, desfachatez y despilfarro en la dirección del FMI


El Fondo Monetario Internacional (FMI) es una organización que está dirigida por una corrupta, aunque la Corte de justicia de la República Francesa diga lo contrario cuando el caso de corrupción era bastante claro. La Sra. Directora gerente de este organismo, la francesa Cristine Lagarde, estaba imputada por abuso de poder, a raíz de que el empresario Bernard Tapie (ex presidente del club de fútbol Olympique de Marsella) demandara al gobierno al alegar que el ex banco estatal Credit Lyonnais le defraudó con la venta de su participación en la empresa deportiva Adidas en 1993, ya que el precio de venta final fue más alto de lo que se acordó. Para resolver ese caso, la entonces ministra delegada de comercio exterior, pagó 285 millones de euros (provenientes de fondos públicos) para que se olvidara del asunto, y así de paso poder financiar este gran empresario la campaña electoral del Sr. Sarkozy. Es curiosa que la financiación de esa campaña también está siendo investigada por la judicatura francesa porque se dan indicios de que la campaña tuvo un apoyo financiero irregular.

No obstante, esto no acaba aquí. Porque el despilfarro del FMI (institución que realmente hace poco o nada de su objetivo principal) se muestra tan solo con el sueldo que cobra la Sra. Lagarde. Mientras ella predica con cinismo que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y clama austeridad que se convierte en recortes sobre la inversión social,  ella cobra 476.940$ (324.000 euros) más un suplemento de 83.760$ (58.000 euros). Lo curioso del asunto, es que cuando ella llegó a la dirección del organismo internacional pidió que los ciudadanos europeos se aprieten ese cinturón que ya no le caben agujeros. Pero, ¿ella se aplicó el cuento a si misma? Eso hubiera sido demasiado bonito. Se subió el sueldo un 11% con respecto al anterior director gerente, el Sr. DSK que abandonó el puesto por un escándalo sexual y que percibía al año 420.930$ más el complemento de 75.350$. Este sueldo, a su vez, era más alto que el de su predecesor, el Sr. Rato, que quizás ha sido el peor director del FMI, y el que ha puesto el nombre de España internacionalmente lo más abajo posible. Este cobraba 391.000$ más el suplemento de 70.070$, un 20% menos que la Sra. Lagarde.

Pero esperen, no se vayan, que la cosa aún no ha terminado. La Sra. Lagarde cuando deje su puesto tendrá un pensión vitalicia que cobrará religiosamente todos los años por dirigir el FMI. Además, de esa pensión, tendrá una indemnización que será de una cantidad u otra dependiendo de los años que haya trabajado. Resumiendo: un chollo a costa de los de siempre, los de abajo.

El FMI organismo que según voces críticas se dedica a ahogar a países, ejerciendo su terrorismo financiero en forma de ajustes, desregulaciones, recortes y privatizaciones, tiene una presidente que es todo lujo y ostentación. Urge elegir democráticamente al director del FMI y parar un despilfarro que se hace desde el erario público y que nosotros, los parias, los trabajadores no hemos elegido mediante nuestro voto.

 

 

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Paro, competividad, salarios y esclavitud moderna


Los economistas neoliberales consideran que el paro es voluntario, ya que este  desaparecería si los trabajadores aceptasen reducir sus salarios hasta los niveles de equilibrio del mercado de trabajo. Por tanto, ellos consideran que la rigidez del mercado laboral a la baja es la causa fundamental del desempleo. Estos economistas también consideran que el equilibrio entre la productividad (disfrazándolo de competividad) y los salarios es fundamental para  la buena marcha de la economía. Incluso, basándose en este principio, argumentan que la subida de los salarios en España es causa de la baja productividad, y que la baja productividad, a su vez, se convierte en factor que explica el elevado paro que tenemos en nuestro estado. Todas estas proposiciones son legítimas pero equivocadas, y gozan de una certeza científica bastante cuestionable, ya que se refutan fácilmente.

En primer lugar, el paro no es voluntario. El paro existe porque en esa economía hay una escasez de demanda. Es decir, que se tengan unos salarios elevados o bajos no influye sobre la capacidad de contratación en último término, porque si no hay demandantes, tú no puedes producir, y por tanto la existencia de un salario alto o bajo es irrelevante para que esa empresa funcione o tenga su razón de creación.

En segundo lugar, la rigidez del mercado laboral español no es la causa del desempleo. El factor del desempleo es un modelo productivo obsoleto, encarado a la pura especulación, que no a la producción de bienes y servicios de calidad, innovadores y competitivos.

En tercer lugar, los economistas utilizan de forma interesada las estadísticas sobre la evolución de los salarios. Ellos dicen que los salarios han subido, y eso en parte es cierto. El salario nominal subió desde el año 2000 hasta ahora. No obstante, los salarios reales (los que tienen en cuenta la variación de los precios y que muestran de forma más real la capacidad adquisitiva) bajaron 5,94% en el periodo de 1996 hasta 2006. Por tanto, el argumento de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades es falaz y que la causa de la baja productividad sea el aumento de los salarios también es falso.

¿Y por qué se empeñan los economistas neoliberales en afirmar esto? Porque ellos, siervos de las elites financieras (o integrantes de ellas) les interesa debilitar el mundo del trabajo para perpetuar su dominación sobre las clases trabajadoras ¿Cómo? Si la gente es más pobre, porque tiene un salario más bajo para poder vivir, primero tendrá que endeudarse para acceder a bienes básicos como la vivienda, entonces firmará una hipoteca con su banco y el firmante estará en régimen de esclavitud moderna durante toda su vida. A su vez, el tener menos capacidad adquisitiva hace que los trabajadores pierdan poder político (que se deriva de facto del económico) y por tanto tengan una capacidad reducida de alcanzar posiciones de dominio social.

Estas son algunas pinceladas de la contrarrevolución neoliberal. Intentemos que las fuerzas reaccionarias no avancen, sino nuestro futuro será nuestro pasado. Concretamente el del siglo XIX o incluso, el de la edad media.

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Consecuencias del cierre de “Público”


La prensa escrita presenta en España un déficit de equilibrio ideológico muy grande, el cual se incrementará ahora con el cierre del diario “Público”. En nuestros quioscos, podíamos encontrar 6 periódicos generalistas básicamente. Estos eran “La Gaceta”, “El País”, “ABC”, “Público”, “El Mundo” y “La Razón”. Cabe señalar que de esta clasificación quitamos “El Periódico” y “La Vanguardia” porque su distribución no es estatal. Entre estos diarios encontramos uno de ultraderecha, dos conservadores acérrimos, uno liberal-conservador con también toques radicales, uno liberal-progresista y otro izquierdista. A partir de hoy, ese periódico más progresista, un diario que representaba a muchas voces de la izquierda que anteriormente no tenían eco mediático cierra. No voy a entrar a valorar las razones de su cierre y si este se hubiera podido subsanar, sino que voy a analizar el impacto que tiene este hecho dentro de la opinión pública.

El diario “Público” nació con vocación de poner voz a una izquierda que estaba marginada por “El País” y que no aceptaba ese pequeño viraje ideológico que había hecho el periódico líder en España y principal periódico progresista hasta el 2007. Por tanto, “Público” era una cabecera fundamental para unir a esos jóvenes rebeldes e inconformistas con otras generaciones más mayores que observaban como muchos puntos editoriales de su antiguo periódico se hacían un poco conservadores. Esto explicó la irrupción de un periódico que hizo muchas veces un periodismo distinto porque preguntaba directamente a la gente, ponía voz a movimientos sociales, a reivindicaciones apagadas, a temas tabús en España y acogía en sus páginas a colaboradores que para nada eran simplemente progresistas.

La desaparición de este rotativo matutino supone que una parte de la sociedad se queda sin el altavoz mediático que tenía, porque aunque en internet haya muchísimos medios de izquierdas, progresistas y alternativos, el prestigio del papel, del salir cada día, del estar en las revistas de prensa es algo que da mucho eco a un periódico, y lo que realmente pone sobre la mesa los temas que ese medio quiere colocar en la esfera pública, como por ejemplo el que hay alternativas a los recortes y a la reducción del déficit.

Este quiosco tan conservador no pasa en otros países de nuestro entorno. En Reino Unido se encuentra “The Daily Telegraph” (conservador),”The Times” (liberal-conservador), “The Independent” (liberal-progresista) y “The Guardian” (izquierda).  Aunque el quiosco sea más conservador se ve un equilibrio, porque “The Times” a veces a dado apoyo al Partido Laborista, y el “The Independent” es un periódico que tiene una línea editorial muy parecida a la de “El País”. Lo mismo ocurre en Francia donde los principales periódicos son: “Le Monde” (centro-izquierda), “Le Fígaro” (derecha) y “Liberation” (izquierda). En Francia hay más periódicos, pero sus cabeceras principales muestran un desequilibrio hacía la izquierda. Por último en Italia, encontramos el “Correre della Sera “(Derecha), “La Reppublica” (Liberal-progresista), “La Stampa” (liberal), “L’únitá “(izquierda) y “Il Manifesto” (extrema izquierda).  Italia también muestra un equilibrio entre los principales periódicos.

En definitiva, el cierre de “Público” hace menos plural el panorama mediático, lo escora más si cabe hacía la derecha y restringe una democracia en horas bajas, maniatada por los poderes económicos y secuestrada por los hijos de los abuelos que se sublevaron contra ella.

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Apuntes sobre Valencia y la democracia


Los acontecimientos sucedidos en Valencia permiten hacer una serie de reflexiones históricas, que nos ayudan a comprender que es lo que pasa en nuestro país. Estos son unos apuntes breves sobre ello.

Nuestra democracia padece un cáncer de nacimiento, ya que una democracia donde el ala derecha del bipartidismo hegemónico se abstuvo o voto en contra de la Constitución del 78, muestra la fe que tiene un pilar básico de la democracia sobre ella. Nuestro sistema político se asemeja a grandes rasgos con la restauración liberal. Dos partidos, pacto tácito en los temas fundamentales, limitación del acceso al poder a otros partidos, etc. Es verdad (eso faltaría) que el proceso de elección es limpio y no se ejerce el pucherazo, pero el mecanismo electoral es injusto porque favorece a los mayoritarios en detrimento de los minoritarios. Por tanto, es una democracia restringida donde las posibilidades de cambio social, de progreso son bastante escasas.

En una democracia liberal la esfera pública está integrada por los medios de comunicación. Estos trasmiten, además de la estructura económica, la superestructura, elemento fundamental para el control ideológico. El problema de esto es que el teórico equilibrio de medios de distintas ideologías no es una realidad en España. Sino al contrario, la descompensación hacía la derecha del establishment mediático es muy sesgada. Eso tiene dos consecuencias: la ocultación de información y opiniones distintas a las presentadas y que solo se tiene acceso a través (ahora) de internet o de libros de expertos críticos; y la derechización de la sociedad y de los propios medios de izquierdas.

En ninguna democracia civilizada, como pueda ser Alemania o Francia hubo una reconciliación entre fascistas y demócratas. Se condenaron los fascistas, depurando la administración de los servidores de esos regímenes sanguinarios y abominables. En España la tolerancia rozaba el desequilibrio, ya que se favoreció más a los simpatizantes del régimen (trasformados en demócratas en poco tiempo) que no a las víctimas de la dictadura represiva y genocida. Esto señores y señoras no es guerracivilismo, sino es contar la verdad de la historia.

Un estado social, como es el español (definido por la propia constitución en su artículo primero), no puede perpetuar unos recortes salvajes que degraden tanto uno de los pilares de nuestro Estado del Bienestar: la educación. Además, este es una inversión clave para el futuro desarrollo del país. No obstante, se degrada y se beneficia a la privada, hecho que muestra la poca fe que tiene la derecha en los servicios sociales públicos.

Pero ¿Y qué tiene que ver esto con Valencia? En primer lugar, en una democracia plena la actuación brutal y vergonzosa de la policía se habría saldado con la dimisión del jefe de policía y de la delegada del gobierno como mínimo. En segundo lugar, que el dominio de la derecha mediática convence a personas a que actúen contra sus propios intereses. Estos se demuestran en actitudes bastante lamentables en gente conocida. En tercer lugar, que gente como la delegada del gobierno, cuyos abuelos ocuparon cargos importantes en el gobierno franquista y que apoyaron el advenimiento de la dictadura, manden en sitios tan delicados como la jefatura de policía o la delegación del gobierno muestra que la burocracia fascista aún sigue en la administración y que sus métodos paramilitares también se siguen utilizando. Y cuarto y último, a la derecha nunca le ha gustado el Estado del Bienestar. Solo lo ha aceptado cuando ello impedía la revolución social o la llegada del comunismo. Ahora sin la presión de la URSS y sin el temor a una revolución social tiene vía libre para ir aplicando tijeretazos salvajes a la educación.

Valencia está dando un ejemplo de democracia. La derecha se está destapando como es: reaccionaria, antidemocrática y con nostalgia de otros tiempos, donde su fundador clamaba “la calle es mía”.

 

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Vergonzosa actuación policial en Valencia


El estado tiene en su posesión el monopolio exclusivo de la violencia. En un estado democrático, el ejercicio de la violencia se usa dentro de sus fronteras  para proteger a sus ciudadanos y para garantizar las libertades públicas que se establecen en su carta magna, es decir, la constitución. Además, se establece que estos cuerpos que ejercen el uso de la violencia legítima que nunca podrán sobrepasar sus funciones y actuar en contra de los derechos esenciales que tienen todos los ciudadanos en un estado plenamente democrático y de derecho.

Pues bien, parece que la Policía Nacional de la ciudad de Valencia, no conoce sus limitaciones, sus atribuciones y sus responsabilidades, ya que ayer protagonizaron un incidente lamentable, condenable y repugnante.

Ayer, en la capital levantina se realizaban manifestaciones por parte de los estudiantes de los centros públicos de secundaria en protesta porque sus institutos no les garantizan la calefacción, las fotocopias (indispensable para el normal desarrollo de la actividad docente, etc. Todo esto es fruto de la mala gestión de los políticos valencianos, que han convertido la preciosa tierra de levante en una fosa séptica donde la corrupción parece crónica, e incluso haberse institucionalizado. Esa política del despilfarro, de la desfachatez, del pelotazo ha llevado a la ruina al País Valencià, con lo que en lugar de tomar políticas alternativas a los recortes, la Generalitat ha optado por recortar en lo más básico: educación y sanidad. Esos recortes los padecen los estudiantes de los centros que ayer, como ya he indicado, se manifestaban.

Esos estudiantes que ejercían su derecho de protesta y de desobediencia civil pacífica fueron atacados por los cuerpos de seguridad del estado, sota el mandato del delegado del gobierno en Valencia. Los estudiantes, conviene recordarlo, no tienen apenas 18 años, es decir, son menores, con lo que ejercer la violencia sobre los individuos más débiles de la sociedad, es además de ignominioso, una auténtica desproporción y demencia.

Valencia parece que se convierte en un estado pseudototalitario, donde el sacrosanto derecho de la libertad de expresión y manifestación consagrado en la constitución española en el artículo 20.1 se posterga al silencio, donde se golpea con alevosía y contundencia a unos chavales que reclaman algo tan básico (y establecido en la constitución en su artículo 27) como una educación pública, laica, gratuita y de calidad, que debe ser promovida por los poderes civiles y públicos. Además, se debe también recordar que España se define como “un estado social y democrático de derecho “. Pues el gobierno valenciano no conoce el primer artículo de la constitución porque el adjetivo de social se pierde cuando se recorta vilmente en los servicios básicos, el de democrático tampoco porque no garantiza la libertad de expresión y el derecho porque abusa de la ley y la incumple al aplicar la violencia sobre menores.

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Reforma laboral, o como crear desempleo


Por fin llegó la ansiada reforma laboral. Esa que según dicen será la panacea que curará esa pandemia cada vez más extendida en el estado español  llamada desempleo. Una reforma catalogada por la Ministra de Empleo y Seguridad Social como “equilibrada”, aunque esa misma reforma sea definida por el Ministro de Economía y Competividad como “agresiva”. Medida que, en principio, está realizada para frenar la sangría del desempleo, aunque parece que no será así y que solo servirá para realizar un trasvase de rentas, desde las del trabajo a las del capital.

La contrarreforma abarata el despido. Se establece una indemnización de 20 días en los despidos procedentes (con justificación) y de 33 días en el despido improcedente (sin justificación), cuando anteriormente se aplicaba al  despido improcedente una indemnización de 45 días por año trabajado. No obstante, el despido improcedente prácticamente se elimina, ya que el gobierno establece en la nueva legislación laboral que se puede despedir si la empresa experimenta una caída de sus ingresos o ventas durante tres trimestres ¿Qué empresa en la crisis no ve reducidos sus ingresos y ventas? Nadie. Es decir, se acabó el despido improcedente, y, por tanto, la indemnización será de 20 días. Para demostrar que se han falseado las cuentas el trabajador tendrá que recurrir al juez para verificarlo. Esto afecta también, a los ERE’S que por cierto son liberalizados, ya que la administración ya no supervisará la justificación del ERE y, por tanto, se podrá realizar uno cuando se venga en gana.

El nuevo marco regulatorio del trabajo, es decir, los convenios colectivos y su negociación, se realizarán periódicamente durante dos años. Esto significa, que se dará un mayor poder a la empresa en la negociación de las condiciones laborales, y que seguramente esto se traducirá en salarios más bajos y más precariedad. Además, referente a los salarios, se podrán rebajar estos por la empresa sin el acuerdo con los agentes sociales, si se argumentan razones de competividad o productividad.

Se crea bajo el eufemismo de impulsar la contratación juvenil un contrato indefinido para jóvenes que cobrarán un 25% de su sueldo y que los empresarios contratados los podrán despedir libremente al cabo de un año. Asimismo, se da una deducción fiscal de 3000 euros a las empresas que contraten jóvenes, lo que parece un parche que raramente tendrá resultados positivos para que se contrate más.

En definitiva, la contrarreforma laboral aprobada por los conservadores abarata el despido  y empeora las condiciones laborales. Además, provoca una caída de los salarios, con lo que las multinacionales españolas ganan porque podrán despedir más fácilmente y contratar más barato, mientras que la banca gana porque se precisará de más crédito si se quiere vivir, aunque las entidades financieras ya no concedan créditos y se dediquen a especular con la deuda pública. Todo esto provocará una mayor caída del consumo, que a su vez, devendrá en un descenso de la demanda, cosa que agudizará la crisis económica y aumentará el desempleo. Un plan de verdad contra el desempleo sería uno que incluiría un recorte de los impuestos a los  trabajadores y empresas, desgravaciones fiscales a las empresas que adquieran nuevos equipos de producción, desgravaciones por contratar personas veteranas, además de fomentar que se pueda compartir empleos y endurecer el despido. Eso forma parte del plan de Obama. Y por ahora paree que a EE.UU. le funciona porque su tasa de desempleo se reduce. Mientras, en España nos dedicamos (sota mandato de la UE) a poner a dieta a una economía que padece de desnutrición.