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Premio a la dignidad de la mujer


 

De nuevo el Nobel de la Paz ha recuperado su sentido y su grandilocuencia admirable. Después de la ignominiosa otorgación del premio a Barack Obama, cuando existían personas que se lo merecían más, este año se ha recuperado el prestigio (como ya se hizo el año pasado por cierto con el activista Chino Liu Xiaobo) concediendo el premio a tres luchadoras incasables por los derechos de la mujer, tan vulnerados en tales sociedades.

 

Las premiadas fueron por una parte  Johnson-Sirleaf que ha sido condecorada por ser la primera presidenta africana elegida de forma democrática. Entre sus logros destacan poner fin al conflicto de su país (Liberia) y contribuir a derrocar el déspota gobernante juzgado por crímenes de la humanidad (Charles Taylor). En segundo lugar ha sido galardonada su compatriota Leymah Gbowee  por su titánica lucha contra el machismo predominante con el fin de que se respete de forma igual al género femenino. Por último la yemení Tawakkul Karman, activista incansable en pro de los derechos humanos, especialmente, los de la mujer y líder del grupo Mujeres Periodistas Sin Cadenas.

 

Todo esto demuestra esa contienda diaria que la que tienen que lidiar día tras día las mujeres en ese mundo que tanto olvidamos, y relegamos al olvido para que nuestras conciencias no se reconcoman. Sin embargo, no olvidemos que en nuestro mundo civilizado, occidental y tan maravilloso, aún sigue habiendo violencia de género, aún las mujeres cobran menos por sus trabajos, aún se tiene que aguantar los valores de la sociedad patriarcal, y aún se tiene que soportar chistes machistas. Que esto no puede tener importancia, discrepo. Cada chiste que cuenta un padre a un hijo en edad ignorante trasmite veneno reconvertidos en prejuicios que después traen consecuencias funestas y de desprecio hacía la mujer.

 

La academia sueca otorga un premio más que merecido a tres combatientes heroicas por los derechos humanos y por los de su género, en medio de naciones profundamente religiosas, que como todo credo, reniega a la mujer al pozo de la indiferencia. Premio concedido a la dignidad de la mujer. No es una lucha entre sexos, sino una lanza a favor de una anhelada igualdad.


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