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Defendamos la educación pública


Hoy en Madrid la comunidad educativa se alzaba con dignidad, y  desde una voz sincera y comprometida decía con una rotundidad loable un no a los recortes en materia de enseñanza. Los sindicatos convocantes cifraban la participación en un 80%, mientras el ejecutivo conservador de la Sra. Aguirre daba un escaso 40% de participación. Números aparte, se observó una unión en sí suntuosa, como era la encarnada por profesores, padres y alumnos, aliados en un compromiso social, el de la educación pública.

La educación pública representa los valores de libertad, laicidad y justicia social. Valores republicanos, valores revolucionarios en sus comienzos, dando alas a un conocimiento libre sin ataduras ideológicas, sin sectarismos religiosos, sin subordinaciones a intereses económicos. Por tanto el alumno de la pública es un docente que no está atrapado por perjuicios y con su libertad opta a través de la meditación, de la reflexión  a tomar con valentía sus propias decisiones, sin conjeturas de cualquier índole.

Toda esta libertad choca de manera inmediata con la filosofía conservadora, anclada en una Europa cristiana, mercantilista, tradicionalista e injusta, es decir, una Europa atrapada por el ostracismo más sobrecogedor. Es por eso que la Sra. Aguirre a través de la excusa de moda, reducir el déficit, realiza recortes en la pública para degradarla, apartando así a las clases medias y cuando esta se ha reducido a la participación de las clases más oprimidas por la lógica mercantil, puede dar su estocada anhelada: la privatización. Es decir, entregar el conocimiento a los perversos intereses privados con todo lo que eso conlleva. Asimismo ella cumpliendo con el dogma conservador aumenta las ayudas a concertados y privados, que digo yo ya que nos son públicos que se financian ellos  solitos. Además que a mi parecer no debería existir bajo ningún concepto la educación privada, ya que rompe con  el derecho de igualdad de oportunidades.

El PP vuelve a la carga con medidas ultra neoliberales, mientras la gente protesta en la calle. Sin lucha no hay derechos. El pueblo debe gobernar. Y este algún día lo conseguirá. Eso si, mientras la lucha se convierte en el elemento vertebrador de nuestro sueño igualitario.

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