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Notas sobre el dominio “Neocon”


El conservadurismo vive su edad de oro. Su ideología económica se ha extendido con una voracidad tan ciclópea que se ha convertido en la única doctrina, el denominado “pensamiento único”. Dejando a un lado que esta dominación conservadora también es causa de la inmolación política de la izquierda mediática tras el abrazo traidor de la nueva vía, lo que de verdad ha llevado al gran triunfo de la derecha ha sido su retórica. Es decir, su capacidad de comunicación a través de unas palabras que se revisten de progresistas, pero que entablaban en su trasfondo los designios más reaccionarios inimaginables. Es así como Europa se ha ido trasformando poco a poco en un terreno de clara hegemonía tradicionalista. Las principales potencias del viejo continente están gobernadas por el Partido Popular Europeo, férreo  representante de las oligarquías empresariales y financieras que gobiernan hoy en día en el mundo, y por tanto en nuestra Europa.

El trabajo de la conversión de la palabra ha sido de aplaudir. Han buscado una tabla rasa, intentando postergar al inefable silencio del olvido más infame, las diferencias esenciales entre la izquierda y la derecha.  A través de la manipulación más atroz han convertido (emparados por los traidores ingenuos del social liberalismo) el juego de la política, en un juego puramente técnico, donde se elige solo un gestor económico, no se vota por unas ideas, sino por ver quién es mejor gestor de los recursos.  Han ocultado los recortes con una retórica que parecían delante de la plebe como medidas sociales. El ejemplo más claro es la denominación que le dio la Sra. Cospedal a su lacerante recorte educativo y sanitario: “Plan de preservación de los Servios sociales básicos”.

Además ha todo esto ha contribuido la complicidad de ciertos medios afines, (no todos los conservadores sino algunos) ha ocultar los intentos pseudoprivatizadores de los dirigentes derechistas , buscando su anhelo de eliminar el estado social, es decir, reducir el estado a un simple batallón de burócratas con placa , porra y pistola entrenados con el propósito de eliminar al disidente , al progre , al rojo , al desobediente , al librepensador, es decir, a cualquier ser humano que tenga la noble capacidad de la reflexión política.

No obstante como he escrito anteriormente, el triunfo más suntuoso para los pseudofascistas ha sido la eliminación radical de la esencia definitoria de la izquierda y la derecha. Han conseguido olvidar el principio básico por el cual se rige la ciencia política, que es que la derecha responde a los intereses de la clase dominante, en su intento de conservar un régimen propicio para sus perversos intereses, mientras que la izquierda lucha por el avance social, por el progreso que trae consigo la defensa a ultranza de los intereses de la clase trabajadora. Así que, los vociferantes “neocons” para eliminar ese dogma sacrosanto e inmutable han eliminado la existencia de clases sociales, eso sí con la inestimable complicidad de los ideólogos de la infame tercera vía, como el energúmeno Giddens, capaz de remover y manipular los cimientos de la socialdemocracia.  Rechazando con alevosía a Keynes, enterrando con odio  a Marx. Argumentando su economía mixta, que de mixta no tiene nada, sino solo un liberalismo más moderado que el abogado por  Friedman. Reduciendo la inversión pública social, y apostando por políticas fiscales restrictivas siguiendo lo propugnado por la tesis pseudocientíficas de los monetaristas. Pura inmolación ideológica de la socialdemocracia.

Todo esto ha dejado un panorama político amargo, triste y ácido en las democracias liberales europeas, porque la teórica izquierda vaga sin rumbo acusando merecidamente su viraje hacia lo conservador, donde le hizo el trabajo sucio a la derecha rancia, putrefacta y anacrónica que quiere eliminar la singularidad de la Europa de finales de la guerra mundial: El Estado del Bienestar. Esa forma de entender lo humano, lo social, lo común, la ética que trajeron prosperidad. Con unas finanzas contraladas, por gobiernos que competían por quién incrementaba las prestaciones sociales (dejando en evidencia la abrumadora fuerza de las izquierdas). Tiempos de camino hacía una utopía, que ahora ese momento parecer ser ella. Se ven brotes verdes de ilusión como la victoria socialdemócrata en Dinamarca, las encuestas en Inglaterra y Francia o los resultados federales en Alemania. Parece que la izquierda mediática empieza a resurgir. Renovada, con tintes críticos hacía la ortodoxia. Pero la situación puede empeorar ¿Porque? La primera potencia del mundo puede dar el gobierno a la ultraderecha estadunidense (Partido Republicano, comandado por el Tea Party) y nuestro país puede caer en las manos (por si ya 8 años no fueran pocos) de los post-franquistas. Es decir, nos espera un nuevo lustro de resignación, de privatizaciones, recortes, de más paro y de derogaciones de derechos básicos, o sea, la nueva era “neocon”.

 

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