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La voracidad trae el viento de otoño


El poder fáctico más determinante e influyente de España, el Consejo Empresarial para la Competividad, se reunía ayer para valorar la situación económica además de debatir si pedían, al igual que lo han hecho sus homólogos en otros países, que se les aumentaran los impuestos. Después de horas de debate entre las grandes fortunas y los altos ejecutivos se llego a la conclusión de que no era conveniente reclamar que se les suba los impuestos. Es decir se dejaban en evidencia delante de los otros millonarios que protestaban para que se les gravara como se tendría que hacer por  principios de justicia social.

Dejando a un lado, la decisión de la clase dominante española, este intento por parte de la alta burguesía española parece responder más a un cierto temor, que a un ataque repentino de esquizofrenia solidaria.  ¿Por qué? Porque los ricos ven como el mundo parece despertar, eso sí con lentitud, de su letargo revolucionario. Pues ante tal acto, estos se ponen manos a la obra para dar una imagen de solidaridad y evitar que un estallido social pueda eliminar de verdad sus infames privilegios. Porque por mucho que se haga una reforma fiscal progresiva, sin la eliminación (en España) de las SICAVS y de los paraísos fiscales todo esto queda en simple papel mojado.

Es así que la resolución adoptada por el Consejo Empresarial para la Competividad es un acto suicida tirarse, porque la llama de la revuelta en España ya esta incendiada gracias al 15-M. Y ahora con los recortes hechos por el PP en los pilares básicos y sagrados de nuestro estado social  (educación y sanidad) tanto sindicatos como indignados y demás ciudadanos están incrementado el ritmo contestatario que prevé un otoño apasionantemente movilizador. Además la más que probable victoria del PP en las generales, calentaría más a la clase trabajadora (clases medias, populares) realizándose un estallido social imprevisible y más que deseable.

Los ricos del mundo comprenden la situación y evitan con cosmética solidaria evitar la revolución social. En España la voracidad capitalista les ciega y renuncian a dicha sugerencia. Esperemos que les pase factura, y que el viento de otoño nos traiga al oído la voz del pueblo. Una voz fuerte, firme y rebelde.

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